Se anunciaron los primeros detalles de la edición aniversario de la Bienal Internacional de Escultura. El evento, nacido por la iniciativa popular y el amor al arte, busca renovar su identidad mientras la gestión política intenta capitalizar un legado que trasciende a los gobiernos de turno.
RESISTENCIA. La Bienal Internacional de Escultura del Chaco ya comenzó a rodar su camino hacia 2028, una edición que no será una más: marcará el 40° aniversario de aquel proyecto que soñó el recordado Fabriciano Gómez cuando los escultores traían rodando los troncos de madera a la Plaza 25 de Mayo.
La Fundación Urunday presentó las primeras definiciones de la Bienal’28, destacando un diseño conceptual basado en el bitmap (imágenes formadas por miles de puntos), una metáfora gráfica que busca representar cómo este «museo a cielo abierto» no lo construyó un gobierno ni un decreto, sino la acumulación colectiva de vecinos, artistas, obreros y voluntarios durante cuatro décadas.
Un legado popular que la política busca autofinanciar con aplausos ajenos
El anuncio de los 40 años llega inmediatamente después de una edición 2026 masiva —que contó con 439 postulaciones de 70 países—, reconfirmando que el evento es un fenómeno cultural de escala global único en su tipo por el contacto directo entre el artista y la comunidad.
Sin embargo, el contraste entre el brillo internacional del certamen y la realidad cotidiana de la provincia vuelve a quedar al desnudo:
El verdadero mérito de la Bienal es su resistencia al paso del tiempo y a las crisis económicas recurrentes. Mientras desde las esferas oficiales provinciales y nacionales se suele utilizar el impacto turístico del evento para maquillar la parálisis de la obra pública, la falta de inversión cultural sostenida durante el año y la situación social de la capital chaqueña, la Bienal demuestra que su verdadero motor sigue siendo el «amor al arte» y el esfuerzo de la sociedad civil.
Identidad visual y tecnología: mirar al origen para sobrevivir al presente
La nueva identidad bajo el sello Bienal’28 apelará a un azul intenso y a una estética que une la tecnología con la gráfica de los años 80, en un guiño a la primera edición de 1988. Según los organizadores, la propuesta busca simbolizar tanto la trama social que sostiene el proyecto como los «vacíos» y desafíos que vendrán.
Para la edición del cuarentenario ya se proyecta la llegada de 10 escultores de élite internacional, quienes trabajarán a la vista del público en jornadas de trabajo a cielo abierto.
La Bienal del Chaco se encamina a sus cuatro décadas siendo un orgullo genuino de los resistencianos. La incógnita, como siempre, será si para el 2028 la dirigencia política estará a la altura del legado de Fabriciano, o si continuará usando la fiesta del arte como un oasis de propaganda en medio de las necesidades urgentes del pueblo.