Tras el cierre del evento cultural, la estación de colectivos mostró un flujo moderado impulsado principalmente por el transporte local. Viajar a los grandes destinos turísticos se convirtió en un lujo reservado para unos pocos en medio de la recesión provincial.
El movimiento en la Terminal de Ómnibus de Resistencia volvió a su cauce habitual tras el cierre de la Bienal Internacional de Escultura. Durante la última semana del receso invernal, la estación concentró principalmente el flujo de pasajeros hacia el interior de la provincia y localidades vecinas como Formosa o Clorinda, en contraste con un turismo de larga distancia resentido por los altos costos.
Si bien empresas de transporte señalaron que algunas unidades partieron con pasajes agotados hacia destinos tradicionales de nieve como Mendoza, Salta o Bariloche, el caudal general de la terminal reflejó un panorama mucho más austero. La gran mayoría de las plataformas estuvieron ocupadas por colectivos de corta y media distancia con destino a localidades como Colonia Elisa, Charata, General Pinedo o Makallé.
El turismo de invierno: un privilegio lejos del alcance de la clase trabajadora
El contraste entre las fotos de los centros de esquí en el sur o el cuyo y el día a día de las familias chaqueñas no hace más que profundizarse:
Con pasajes de larga distancia a precios astronómicos y tarifas de transporte que no paran de subir, vacacionar fuera de la provincia se ha transformado en un privilegio exclusivo. Para la inmensa mayoría de las y los trabajadores del Chaco —asfixiados por los salarios de hambre y la inflación imposible—, las «vacaciones» se limitaron a visitar familiares en el interior o a viajar por motivos estrictamente personales.
Mapear el movimiento en la terminal de la capital deja al descubierto la realidad económica que cruza a la provincia: disipada la burbuja del turismo de la Bienal, la cotidianeidad del Chaco vuelve a ser la de la recesión, la pérdida del poder adquisitivo y el transporte público de costos prohibitivos.