La interrupción en el Segundo Acueducto volvió a dejar a barrios enteros sin una gota de agua en vísperas del regreso a las clases. Mientras la empresa estatal Sameep promete una «recuperación gradual» tras finalizar obras de mantenimiento, las familias deben mendigar camiones cisterna por WhatsApp para poder llenar los baldes.
El agua potable vuelve a ser un bien de lujo e incertidumbre para miles de familias chaqueñas. Durante este fin de semana, vecinos de distintos barrios de Puerto Tirol hicieron sentir su profundo malestar tras acumular varios días consecutivos de cortes totales y bajísima presión, una situación límite que obligó a decenas de hogares a recurrir al abastecimiento de emergencia.
El cuadro de desesperación social cobró mayor gravedad ante el inminente reinicio de las clases tras el receso invernal, con viviendas que agotaron por completo sus tanques de reserva y sin respuestas inmediatas para afrontar la higiene cotidiana y la comida de los chicos.
Mendigar agua por WhatsApp: la realidad del interior
En Puerto Tirol el servicio es provisto localmente por la Cooperativa de Agua Potable, la cual depende del insumo en bloque que le entrega la empresa provincial Sameep. Ante el desabastecimiento, los vecinos debieron anotar sus domicilios en listas de espera virtuales para que un camión cisterna pase a cargarles agua:
«En algunos barrios los inconvenientes empezaron el martes y en otros desde el jueves. Yo tuve que pedir el camión el sábado porque en mi casa ya no quedaba nada», relató una vecina afectada.
Por su parte, desde la conducción de Sameep explicaron que la parálisis del servicio se debió a intervenciones programadas entre el 27 y el 31 de julio en el Segundo Acueducto del Interior, período en el cual solo funcionó el Primer Acueducto, cuyo caudal resultó dramáticamente insuficiente para cubrir la demanda regional. La empresa prometió una normalización paulatina sujeta a que la red eléctrica no sufra colapsos durante el bombeo.
La paradoja de las grandes obras y las canillas secas
La pesadilla que vivieron las familias de Tirol no es un hecho aislado, sino la confirmación de la fragilidad estructural que atraviesa a los servicios públicos de la provincia:
- Falta de contingencia: Resulta inadmisible que ante obras programadas sobre una tubería central no se garanticen esquemas paliativos eficientes que eviten dejar a pueblos enteros a secas durante casi una semana.
- Carencia de inversión preventiva: Cada mantenimiento o falla eléctrica en las plantas de Sameep expone la falta de infraestructura de respaldo, condenando a los ciudadanos a vivir pendientes de un hilo.
El acceso al agua potable es un derecho humano elemental, no un favor estatal ni un servicio que deba solicitarse por mensaje de texto a la espera de la buena voluntad de un camión. Con las clases en marcha y el fantasma de nuevas interrupciones, los vecinos de Puerto Tirol exigen soluciones definitivas para no volver a quedarse sin agua en las canillas.