El costo del ajuste sobre dos ruedas: cuando la moto es el único sustento y el Estado elige el corralón

Detrás de cada uno de los 23 vehículos secuestrados en el operativo de la avenida Alvear y la Ruta 11 no hay meros infractores seriales: en la inmensa mayoría de los casos hay un trabajador, un cadete, un estudiante o un vecino que depende de esa motocicleta para ganarse el pan de cada día en una ciudad castigada por el ajuste.

Analizar el impacto de estos operativos punitivos en la economía familiar de Resistencia nos enfrenta a una realidad implacable. En tiempos donde el costo de vida se dispara y los salarios pierden la pulseada todos los meses contra la inflación, hacer frente a los requisitos formales se ha vuelto una misión casi imposible para miles de chaqueños.

¿Educación vial o afán recaudatorio?

Nadie puede negar que circular con casco y la documentación al día es una norma básica de convivencia y seguridad. El problema radica en el método y la intencionalidad del Estado.

Cuando el municipio y la Provincia montan operativos relámpago cuyo único desenlace es el secuestro de la moto, lo que se produce es una bicisecta perversa:

  1. El corralón asfixia: Retirar una moto secuestrada implica abonar multas altísimas, el acarreo y la estadía diaria, sumado a la exigencia de regularizar seguros y patentes de golpe. Para un trabajador informal o precarizado, esto equivale a una confiscación lisa y llana de su herramienta de trabajo.
  2. Cero prevención real: El Estado ahorra en campañas masivas de concientización, en facilitar facilidades reales de pago para licencias o en promover talleres de educación vial accesibles. Es mucho más fácil —y rentable para las arcas municipales— poner un retén en una avenida principal y secuestrar vehículos.

El contraste que duele

Mientras los inspectores municipales y la Policía Caminera despliegan una eficacia implacable para cazar motos en infracción, los vecinos de los barrios siguen esperando que alguien se acuerde de arreglar los baches crónicos, de iluminar las calles oscuras o de dar respuestas ante las emergencias que nos golpean día a día.

Una vez más, el rigor se aplica con todo el peso sobre el eslabón más débil, mientras los problemas estructurales de Resistencia siguen esperando en el fondo de la agenda oficial.