Si quedaba alguna duda de que el discurso contra la «casta» era meramente un slogan de campaña para captar el enojo popular, la denuncia de ATE sobre el tendal que deja Manuel Adorni tras su renuncia termina de sepultar cualquier atisbo de credibilidad. La exigencia del gremio para que se desplacen a los 249 familiares, amigos y militantes que el ex jefe de Gabinete acomodó en la estructura estatal con sueldos millonarios expone una obscena doble vara: ajuste feroz y despidos para los trabajadores de carrera, pero billetera abierta y privilegios para los propios.
El detalle de la denuncia es escandaloso y abarca desde el vertiginoso ascenso del hermano del propio ex vocero en órbitas del Ministerio de Defensa, hasta el financiamiento de ejércitos de tuiteros oficiales con sueldos que superan los dos millones de pesos mensuales. Mientras el Ministerio de Desregulación y Transformación de la Nación propagandizaba exámenes de idoneidad y supuesta transparencia, las dependencias bajo el ala de Adorni se inflaban un 25% en meses, respaldadas por un presupuesto que la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, aumentó de manera sideral hasta superar los $30.000 millones anuales.
El karma es implacable: el vocero que celebraba los despidos masivos en el Estado se retira envuelto en denuncias por armar una monumental e inútil estructura de militancia paga con el dinero de los contribuyentes.
Karina Milei no puede hacerse la distraída ante este festival de nombramientos que ella misma convalidó con partidas presupuestarias. Llegaron al poder prometiendo terminar con los privilegios de la política y terminaron montando una agencia de colocación de empleo para amigos y allegados que harían sonrojar al más rancio de los punteros tradicionales. La austeridad, finalmente, solo fue una mentira diseñada para el ciudadano de a pie; puertas adentro de la Casa Rosada, la casta goza de excelente salud.