Santilli a la Jefatura de Gabinete: El «cambio» se entrega a la vieja casta que prometió destruir

La designación de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete en reemplazo de Manuel Adorni no es una simple reorganización de equipo; es la claudicación definitiva del relato fundacional del oficialismo. El presidente Javier Milei, aquel que construyó su capital político prometiendo dinamitar las estructuras de los partidos tradicionales y combatir a la «casta», termina entregándole las llaves del control real del Estado a uno de los máximos exponentes del establishment político porteño.

Detrás de la foto sonriente en la Quinta de Olivos junto a Karina Milei, lo que se esconde es la confesión explícita de un fracaso de gestión. La salida de Adorni expone que la pirotecnia tuitera y las conferencias de prensa confrontativas no alcanzan para gobernar un país en crisis. En la desesperación por encontrar volumen político, gobernabilidad y puentes con un Congreso que le da la espalda, el Gobierno nacional decide colonizar su propia estructura con el PRO más tradicional. Aquella «fuerza del cielo» hoy debe arrodillarse ante la pragmática estructura de la tierra.

La jura de Santilli es el blanqueo de un cogobierno que rifa las promesas de campaña. El poder real de la Casa Rosada ya no se debate en las redes, sino en los manuales de la vieja política que tanto criticaban.

Para las provincias, y especialmente para el Chaco, este viraje hacia el centralismo porteño en la Jefatura de Gabinete no augura soluciones, sino la profundización de un modelo centralista. Cambian los nombres, se reciclan las caras, pero el ajuste asfixiante sobre el interior sigue intacto. El «león» terminó buscando refugio en el zoológico de la política tradicional.