La asfixia de las PyME: El modelo que destruye la producción nacional

El último informe del Observatorio PyME es el certificado de defunción para el relato de la reactivación económica que intentan vender desde los despachos oficiales en Buenos Aires. Las pequeñas y medianas empresas, que sostienen más del 50% del empleo asalariado de nuestro país y que son el motor productivo de provincias como el Chaco, enfrentan hoy una doble pinza mortal: ya no solo sufren una caída histórica en sus ventas (que afecta al 83% de las firmas), sino que ahora, 6 de cada 10 tienen serios problemas para cobrar lo poco que venden.

El deterioro de la cadena de pagos saltó del 35% al 60% en apenas un año de gestión de Javier Milei. Esto no es un accidente de mercado; es la consecuencia directa de una política económica diseñada para enfriar el consumo, secar la plaza de pesos y desproteger la industria local. Las PyME carecen de la espalda financiera o el acceso al crédito de las grandes corporaciones para financiar el pedaleo de sus clientes, lo que arrastra al sector a un escenario de asfixia total sobre el capital de trabajo que pone en riesgo los salarios y la subsistencia misma de los puestos laborales.

Lo más alarmante y perverso del modelo actual es el incentivo a la desindustrialización. El informe revela que el único negocio rentable hoy es importar, empujando a las fábricas a dejar de producir para convertirse en simples revendedoras de productos extranjeros.

El Gobierno nacional parece ensañado en dinamitar el entramado productivo nacional para favorecer la timba financiera y la apertura indiscriminada de importaciones. Mientras tanto, a nivel provincial, el silencio o la falta de herramientas de contención financiera efectivas para nuestras empresas locales terminan siendo cómplices de este industricidio. Si el Estado no reacciona y cambia el rumbo de manera urgente, el invierno económico que viene destruirá lo poco que queda en pie de la producción argentina.