El escalofriante proyecto escolar de dos hermanas: «Cómo matar a mi madre»

Las muchachas crecieron detestando a su madre. Aborrecían en lo que se había convertido por culpa del alcohol.

“Estaba tomando un baño y le dije que se diera la vuelta. Durante cuatro minutos. Ese es el tiempo que mantuve su cabeza debajo del agua”. Así relataba Caroline Karubin de dieciséis años cómo había acabado con la vida de su madre Anne Margarete Lebensztejn en Mississauga (Canadá).

Su hermana Catherine, de quince, le ayudó a sumergirla en la bañera hasta que dejó de convulsionar. Su excusa: no soportaban más el alcoholismo de la mujer.

Las muchachas crecieron detestando a su madre. Aborrecían en lo que se había convertido por culpa del alcohol.

Fue en 2002 cuando Caroline (16 años) y Catherine (15 años) les molestaba que su madre  “desperdiciara tanto dinero en alcohol”.

Al principio todo comenzó siendo un mero entretenimiento, una forma de buscar ideas y plasmarlas sobre el papel para captar la atención de sus colegas. Pero con el tiempo, Caroline y Catherine se auto convencieron que la mejor forma de deshacerse de su problema (su madre) era eliminándolo. Así podrían cobrar el seguro de vida y conseguir todo aquello de lo que carecían.

Internet les proporcionó algunas ideas para llevar a cabo el macabro plan. Desde un disparo, a utilizar un cuchillo… Pero finalmente se decantaron por el ahogamiento. Buscaban un método “rápido y espectacular” para perpetrar el asesinato de su madre.

Cada detalle era radiado a través del chat que las hermanas tenían con sus amigos. Durante horas conversaban acerca de la mejor manera de proceder a la asfixia, de cómo se comportarían ante la policía una vez descubierto el cadáver; y por supuesto, de en qué emplearían el dinero del seguro. Lo tenían todo planificado. Su siguiente paso tras el homicidio: comprar una casa con una plantación de marihuana y realizar un viaje a Europa con sus amigos.

Tras comprobar que Anne había muerto, las adolescentes se marcharon de fiesta con sus amigos al Jack Astor’s, un restaurante del que eran asiduos. Allí celebraron la buena noticia. Su progenitora, por fin, había muerto. Aquella fiesta terminó cuando regresaron a casa y tuvieron que fingir desolación.

En un acto de hipocresía, Caroline y Catherine llamaron llorando a emergencias para explicar que habían encontrado a su madre en la bañera. Todo apuntaba a que se había ahogado tras una de sus borracheras. El operador les indicó cómo debían actuar hasta que llegase la ambulancia. La sacaron de la bañera y comenzaron a realizarle labores de reanimación cardiopulmonar. Pero no lo consiguieron. Cuando arribaron las autoridades, se encontraron a las hermanas aparentemente devastadas por el incidente. Nadie puso en duda su versión de los hechos.

Fuente: La Vanguardia